El sonido de Spastico es directo, crudo y honesto. Baterías y bajos marcados, guitarras distorsionadas que llenan espacios y la voz de Andrés Gómez que se desliza sobre las canciones sin esforzarse en arreglos
innecesarios. Spastico nos recuerda fotocopias, grapas, pegastick y fanzines,… y todas esas cosas buenas que se hacen en los garajes no por la búsqueda del reconocimiento, sino porque nacen desde adentro.